1 nov. 2010

De Plenas a la Sierra. 02 Remedios curativos para animales


Caballerías
Para que a las caballerías no les crezca el “pelo rubio” después de que se han hecho algún corte o herida, se fríe un fardacho (lagarto) vivo en aceite. El aceite que se obtiene es de color “muy dorao”, se estrega con una pluma de ave de corral en la zona afectada y vuelve a salir el pelo del color que tenía (P).
Cuando están atorzonadas o estreñidas se les da de beber un brebaje compuesto de manzanilla, una chorrada de anís y una gaseosa de papel. Otras veces, la manzanilla la sustituyen por te de roca. Otro remedio consiste en darles para beber harina con agua caliente (P).

Burra que tuvo Pascual Gracia, hijo del tío Tadeo


Antiguamente nunca se limpiaban las tallaranas (telas de araña) que se formaban en los techos de las cuadras y cubiertos, con el fin de que las acémilas no sufrieran enfermedad alguna, sobre todo torzones y empachos (P).
Para que cicatricen las heridas, recolectan una planta en la ombría (umbría) llamada estepilla, se cuece y se chapea la herida con el agua obtenida. También aplican en las heridas un corcho quemado (P).
El líquido obtenido de cocer hojas de noguera (nogal) o melocotonero, lo utilizan para encallecer las heridas de caballerías, animales domésticos y reses (P).
Las inflamaciones las curan untando barro hecho de arcilla; lo dejan secar y cuando se seca desaparecen (P).
Las largas y enormes lombrices, se eliminan echando en la comida un par de cucharadas de azufre hasta que quedan limpias de parásitos (P).
Cuando se detecta que las caballerías no orinan, solucionan el problema colocándoles sobre los lomos grandes talegas llenas de arena o de salvao bien caliente (P).
Cuando se atorzonan (empachaban), les dan para beber anís o vino cocido. Otro remedio consiste, en darles sopeta de vino o té con bicarbonato. También se cuecen hojas de noguera y romero y se les da de beber el caldo (P).
Algunos utilizan otro método: “hay que cortarse las uñas de las manos y untarlas con aceite, luego, se introduce la mano en el culo del animal para limpiarlo o vaciarlo de porquería y así se curan” (P).
Otra forma de curarlas consiste en cubrirlas por encima de los lomos con la ropa de alguna persona gemela (F).
Es creencia que los gemelos “tienen gracia” (poderes) para curar, sobre todo los enrejados y retorcimientos de las caballerías. Basándose en métodos religiosos, el gemelo requerido realiza rezos y señales de la cruz en la zona afectada y así sanan. Recuerdan de sus antepasados, que si alguna persona nacía en ciertas fechas, tendría virtud o gracia especial para realizar curaciones.
Un remedio parecido lo cita Severino Pallaruelo en su libro Viaje por los Pirineos misteriosos de Aragón, pero de Aransanz, aldea deshabitada del centro de Sobrarbe (Huesca), a más de doscientos kilómetros de distancia de Fonfría:
“Decían allí que para curar una caballería ‘atorzonada’ tenían que montarse en ella dos hermanos gemelos” –y continúa– “Una mujer de esta aldea –que tiene un hermano gemelo–, me ha contado que, siendo niños, los llamaban con frecuencia para que acudiesen a las aldeas cercanas a curar mulas o machos ‘atorzonáus’”. También explica la manera de curar cabras con las enaguas de mujeres que tengan hermanas gemelas, y muchas más.
Insólita y extraña esta forma de curar animales. Lo que parece ser cierto, es que los antiguos, contaban para remediarse, de todo lo que no parecía normal y les resultaba extraño en su vida cotidiana, atribuyendo poderes o virtudes curativas a personas gemelas o a las séptimas hijas habidas de los matrimonios. Es difícil llegar a conclusiones claras y concisas de estas costumbres, que incluso hasta hace no muchos años, se seguían practicando.
Cuando las caballerías sudan, hay que cubrirlas con mantas para que no se graneen. Si este remedio no aplica, les frotan el pelo con jabón de tajo y sal. “Si se granean, se  debe de evitar darles de comer y hay que echarles agua fría en los pechos” (A). Cuando los machos “se tocan” (se hacen heridas), se les echa el líquido procedente de la cocción de la flor de saúco (A).
A veces, labrando (arando) la tierra, las caballerías quedaban enrejadas (herida que se produce cuando se les clava en la pierna el barrón del aladro). Cuando sucedía en Plenas, solían acudir al tío Roque la Pastora, persona que curaba todos los enrejados de la zona. No sabían a ciencia cierta el sistema que este curandero utilizaba, pero lo poco que recordaban era, que se hacía la señal de la cruz él mismo y al animal herido. Luego, introducía en la herida una especie de clavo (no se sabe qué clavo) y después recomendaba mantener sumergida en el agua durante una hora, la pierna del desafortunado animal. Al siguiente día el animal estaba sanado y podía volver a su trabajo. Algunos llamaban al veterinario, pero si no sanaba el animal podría quedar cojo de por vida y recurrían al tío Roque la Pastora (P).



Reses, ovejas, corderos…
Se le llama encañar a la acción de curar las roturas de las piernas de las reses. Para encañar se colocan atadas dos piezas largas de madera o caña, a ambos lados del miembro accidentado. Comentan que es preferible encañar con caña, ya que al ser hueca se acopla mejor al hueso. Esta operación la solían hacer los pastores en el monte (P).

Ovejas pajentando en Plenas

Otra forma de curar las roturas consiste en hacer pilmas. Se les denomina pilmas a las curaciones por rotura de hueso que se hacen con pez caliente y adherida a la zona rota. Esta operación la solían hacer en casa cuando regresaban con sus rebaños.
Para pilmar es necesario calentar pez, impregnarla en un trapo y colocarla sobre la rotura sujetada con cañas atadas. En caso de herida sangrante, no es recomendable pilmar, ya que puede cangrenarse. Algunas reses después de esta curación quedan garrosas de por vida, pero si caminan por si mismas, no es necesario sacrificarlas (P).
Las pilmas son generalizadas por esta parte de Aragón. En Allueva contaban, que empilmaban con pez, un trozo de manta y cañas. A los ocho días aflojaban la pilma y mantenían las reses diez o quince días sin salir a pastar al monte (A).
Existen y han existido varios remedios para evitar que las ovejas se vuelvan modorras (enfermedad que se les deshacen los sesos o se les hacen agua y dan vueltas sobre sí mismas). Para preservar al rebaño de esta enfermedad, se colgaban en los cubiertos, el esqueleto craneal de la última res que había muerto modorra. De las reses modorras se dice que si no se pone remedio contagian a las demás. Hasta que son primalas (primerizas) se detectan la mayoría de casos del modorrismo. También cuelgan del techo de los cubiertos piedras agujereadas de un sólo orificio. A la piedra se le atribuyen virtudes mágicas, pero no vale cualquiera, no hay que buscarla, se tiene que hallar, de lo contrario carece de propiedades. Otros pastores previenen esta enfermedad, haciendo “señales” (cortes) en las orejas de las reses el día de Viernes Santo y antes de salir el sol. Otro remedio consiste en mezclar ceniza, sal y vinagre, y durante una “novena” (nueve días) “se les da por la boca” (P).

Piedra de un solo orificio utilizada para evitar que las ovejas  se "vuelvan modorras". Se solía colgar de los techos de los corrales y para que tenga propiedad, se tiene que encontrar fortuitamente y no buscarla.


Don Manuel del Río, vecino de Carrascosa, provincia de Soria, Ganadero trashumante, y Hermano del Honrado Concejo de la Mesta, contaba referente a esta enfermedad en su libro Vida Pastoril, publicado en Madrid en 1828 y  reeditado por Ediciones El Museo Universal:

“De la modorra. Esta enfermedad es contagiosa; se presenta periódicamente en los cuartos de luna, y ataca de preferencia á los borregos de un año y á las primales. En el principio se quedan solos, separados de los demás del rebaño, berrean, se ponen como enfrenados, y dan vueltas alrededor, no comen ni rumian, y tienen el cráneo muy blando. Si no se matan inmediatamente, los sesos se les vuelven agua, y al abrirlos se halla en su cabeza una tuniquilla de color azulado, con ramales sanguinolentos, pegada al casco, y una como vejiguilla llena de agua.
La causa de esta enfermedad es precisamente la vejiguilla, que no es otra cosa que una lombriz llamada hidátida; es incurable y muy contagiosa, por lo que es necesario matar inmediatamente el primer borrego que se presente con ella para que no se comunique á los demas: la carne se puede comer. Algunos Pastores han intentado curar este mal abriendo el cráneo, sacando la vejiguilla y cosiendo después el pellejo; pero esto es muy espuesto, porque la que no muere en la operación lo hace poco despues”.

Algunos pastores para prevenir cualquier enfermedad de las reses colgaban una pequeña estampa con la imagen de San Antonio por las paredes de los cubiertos (P).


Cuando alguna oveja aborta y no puede desprenderse de las parias (placenta), como suelen sobresalir tres o cuatro dedos, se atan a las mismas una alpargata de cáñamo o una piedra, con el fin de que al andar fuercen su salida al exterior. Esta operación tiene una duración de diez o doce días. Otro sistema utilizado consiste en colocar sobre el nacimiento de la coda (cola), una planta punchante que le llaman esparrago, cortada y colocada en forma de cruz sobre la lana. Dicen que este remedio es mejor que el anterior (P).
Esparrago en forma de cruz


En el caso que alguna “res” tenga un mal parto, después de facilitarle la expulsión del cordero, vivo o muerto junto con las parias, se cuelga al animal por las patas traseras y boca abajo. Las madres (matriz) impregnadas con aceite de oliva, se introducen en su natura (interior) y se cose la piel con aguja e hilo. También se cierra atándolo en rosqueta: “el animal debe permanecer en esta posición a lo largo de un día con su noche” (P). En partos muy complicados, introducen el brazo y en muchas ocasiones sacan el corderillo troceado. Para desinfectar y limpiar, ayudados con una pera de goma (de irrigador) lavan la natura con agua y jabón de tajo (P).
Los partos de las ovejas primalas (primerizas) son asistidos por el pastor hasta llegar a su fin, e incluso las acarician (A).
Para acelerar los partos contaron un remedio que consistía en taparles el ano con un dedo, evitando así que cuando hicieran fuerza expulsasen los gases y se ganaba en impulso y rapidez (P).
Cuando se escodan (arrancar la cola retorciéndola), algunas reses suelen tener hemorragia; para evitarlo es conveniente escodar el día de Viernes Santo. Otros escodan el primer viernes de marzo (igual que el trasiego de vino) o el Jueves Santo. También escodaban cortándola con algún instrumento cortante. Las codas de los corderos, una vez limpias de lana son consumidas con un refrito de tomate, considerándolas un exquisito plato y es de los pocos alimentos que se consumen estando vivo el animal (P).
Para curar las nubes que se forman en los ojos de las reses, se corta un palo pequeño de aliega (aliaga) verde en forma de aguijón. Sobre la mitad de la oreja del animal se hace un corte y se introduce el trocito de arbusto. Otro remedio consiste en que el pastor en ayunas deposite un par de salivazos en el ojo enfermo del animal y muy pronto sanará. Si las nubes no se curan las reses pueden quedar tuertas “les sale como un grano blanco y les salta el ojo” (P). Para evitar que se formen nubes en los ojos cuando se clavan alguna espiguilla (mala hierba), se le hace un corte en una oreja y acercando la misma al ojo se vierte la sangre en su interior (P).
En algunas ocasiones, cuando abrevan las reses en algún pozo o abrevadero, se suelen tragar alguna sangrijuela (sanguijuela, Hirudo medicinalis) y se detecta porque expulsan sangre por la boca cuando comen. Para extraerlas fácilmente, con una mano se abre la boca del animal y con la otra, con un trozo de lana se cogen los anélidos (P).
A veces, eran picadas por ratones mordaños o murgaños de pico (musarañas) de los que en grandes cantidades vivían en las bodegas, corrales o parideras. Para curar las heridas se les pasaba una lima de acero por las mismas (P). Este mismo remedio lo aplicaban en Fonfría, pero con alguna explicación más: las ovejas y caballerías eran mordidas en el morro por bichos murgaños, cuando comían en los “canales” (zona donde se les echa la comida) de los corrales. La cabeza se les hinchaba debido al veneno que la musaraña les había transmitido en la mordedura. Para curarlas, se les pinchaba varias veces con un punzón de acero (de los que utilizaban para reparar las monturas de las caballerías) por alrededor de la herida, para que junto con la sangre, expulsaran el veneno y quedaran sanadas. Para eliminar estos dañinos ratones de los corrales, se rodea el edificio, frotando por la pared cualquier pieza o apero agrícola que fuese en parcial o totalmente de acero (jadas, zuelas, estrales…) (F). Pero también en Plenas para las picaduras, cuecen ramas de saúco y se les da de beber el caldo bien caliente. “Desaparece el picor y la maldad, y se curan”. “Cuando son picadas se les pone el braguero negro” (P).
Para curar las diarreas de las ovejas se les coloca encima de la coda (cola) un trozo de lana negra de un cordero u oveja de este color, ya que “tienen virtud” (P).
Las caparras se eliminan echando zotal sobre la lana del animal. Cuando se esquila (cortar la lana) suelen aparecer bastantes caparras, después del esquilado se les rocía con agua y zotal (P).
El petín es un tipo de sarna que se detecta en el morro del animal. Para eliminarlo, se “arrasca el morro de la res con un trozo de teja, hasta que paice sangre” y se frota con los dedos o un guisopo untados con zotal. Cuando parece que está curado se vuelve a untar con manteca de cerdo y “mu pronto sana y vuelve a salir el pelo”. Otros, fríen cuatro o cinco fardachos (lagartos) vivos en aceite de oliva y con el líquido se frota la zona enferma (P).
Para curar la tiña de estos animales, cocían cigarros perreros y les untaban con el líquido. P
Si una oveja se pone drecha (derecha) y con las orejas cachas (agachadas), es que está enferma de banzo o de la mielsa (bazo). Para cerciorarse, se le coge del morro y si orina sangre, no hay más remedio que sacrificarla. Hace años, cuando se mataba alguna res por este motivo, se le extraía el banzo y era considerado por muchas personas como una excelente comida. A veces, se llegaba a negociar con los pastores, a cambio de “algún corro de tierra pa patentar” (P).
En Allueva, al bazo, también se le llama cabronco. Cuando se producen muertes de ovejas por esta enfermedad “nunca se les da agua en el pueblo”. Hay en el término municipal un manantial llamado “La Canaleta”, al cual se le atribuyen propiedades y virtudes para que el resto del ganado no contraiga la enfermedad. “Hay que darles agua de manantial” –comentaba un pastor–. Mariano Burriel, veterinario de Allueva, recomendó hace años abrevar en el citado lugar, a pesar de que hay otro manantial “de la ombría a los pinos”, que lo utilizan para el mismo fin (A).
Tanto en Plenas como en la Sierra, los cortes producidos a las ovejas durante el esquilado los curan con cal o carbón. Cuando en plena faena se les hace algún pequeño corte a las reses, el esquilador causante del mismo, dice rápidamente: ¡carbón! Entonces, la persona más próxima coge un pizco (pellizco) de cal, que está preparada en un plato para este menester y la esparce sobre la herida.
Las reses cuando comen mucha “herba fuerte” (hierba verde), se hinchan, hasta que incluso algunas, llegan a reventar. Para que no revienten, hay que golpear el vientre con las manos y pretarles el mismo, hasta que regoldan (eructan). “Al echar los aires el animal queda tranquilo, pero echa tan mal olor, que te tie’s que alpartar”, Otro remedio, pero más antiguo, consiste en pretarlas unas a otras y darles por la boca aceite hasta que expulsan los aires (P).
En la sierra, los empachos los curaban echándoles agua fría por el pecho (A). Otros pastores dicen que “si comen herba verde, les puede entrar la basquilla (yel)” (enfermedad que se hinchan como un boto y echan espuma por la boca). La hierba que se refieren es el ababol (amapola), que cuando se calienta con el sol es muy dañina y perjudicial (P).
En Allueva, para contrarrestar el pasto verde del campo, las alimentan con paja de lentejas, yeros (parecido a las lentejas) y beza (A).
Quizás sea la patera, una de las enfermedades del ganado más temida por los pastores y ganaderos. “Salen quebrazas entre las uñas de las patas y hace que las reses caminen con dificultad”. Además, es sumamente contagiosa, por lo que se debe de tener mucho cuidado de no mezclar las reses afectadas con las de otros rebaños (P). La patera y la tiña se curan ungiendo las partes afectadas con un compuesto elaborado a base de aceite, azufre y manteca de cerdo. “A las tres curas quedan como nuevas”. Cuando se les pone mal en las orejas las limpian y se untan con aceite de oliva (A).
A los corderos pequeños que tienen problemas para echar las cagarrutas (excrementos de res), se les hacen calicas con velas o cerillas y aceite, igual que a los niños pequeños (P).
Cuando a los merdanos se les caga la mosca en el “pito” (dicen, la salida de sus partes), se impregna la zona con un polvillo hecho de hojas de melocotonero secas y muy trituradas (P).
En Fonfría, utilizan verbena (Verbena officinalis) para curar las heridas de los animales. “Hay poca en Fonfría, pero en Allueva hay bastante”. “Lo dijo un pastor de Fonfría, cuando el perro mordía a las ovejas”. “Se cuece, se echa el agua a la herida y curan rápidamente” (F).

Animales de corral
Para fortalecer la cáscara de los huevos de las gallinas, hay que echarles cal en el agua que beben (P).
Para que las gallinas no picoteen y perforen sus propios huevos, les cortan la punta del pico superior (P).
Para eliminar el piojuelo de los pollos y gallinas, impregnan ceniza en los palos del gallinero (lugar donde duermen) (P). En Allueva lo eliminan impregnando los palos con cal y zotal (A).
Cuando a las gallinas se les pone la cresta morada es síntoma de enfermedad: se les echa al agua de beber, ceniza de leña o lejía (P).
Si se morían muchos pollos y para que no lo hicieran todos, les echaban en el agua de beber cagayerros o cagaherros (residuos de carbón usado de la fragua) (A).
Recuerdan una enfermedad que atacó a las gallinas, y en un año, no quedó ninguna viva en el pueblo: “Daban vueltas sobre sí mismas y morían”. Se dice que se volvían locas y la que no moría se quedaba tuerta (P).
Para darles calor a las gallinas culecas que están empollando, se les da para comer sopeta de vino (P).
Cuando los tocinos enferman se dice que “tienen dolores”, se les entumecen las patas y no pueden andar. Para remediarlo los sacan de las chozas, y al sol, les echan varios pozales de agua fría. “Se ponen coloraos y sanan” (P).
Antiguamente la alimentación de los tocinos estaba compuesta básicamente de harina de centeno, moñigos (excrementos de caballería), hojas de olmo y agua. Algunos echaban pulpa de remolacha y salvao. A esta pócima la llaman echura o chura. A la acción de recoger los moñigos por las calles se le denomina esmoñigar y era habitual, que mujeres y chicos los recogieran en capazos por las calles (P).

Leyenda: (P) Plenas, (F) Fonfría, (A) Allueva

© I. Navarro
© Dibujos A. S. Tomás
© Fotos I. Navarro
Capítulo 02 de la publicación De Plenas a la Sierra. Creencias, remedios y supersticiones, Colección Tarayuelas. Zaragoza, 1992.

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