31 jul. 2011

Construyendo con piedra


En la arquitectura tradicional de Plenas (anterior a los años 60 del siglo XX), la piedra era un material fundamental por su relativa facilidad de conseguirlo: hay muchas piedras de un tamaño adecuado para utilizarse en la construcción y en superficie, aunque no son las idóneas, pero se trabajaba con lo que se tenía más a mano… En Plenas no hay canteras y la piedra utilizada sale de los campos de secano al labrar. Todo agricultor realiza en ellos la dura tarea de “espedregar” consistente en retirar las piedras de gran tamaño que van saliendo mientras pasa el arado, agrupándolas en grandes montones de donde posteriormente recogen la piedra los que van a construir.

En los ribazos de muchos de los campos del término aparecen amontonamientos de piedras que salen a la superficie al ararlos. Estos amontonamientos sirven de cantera para recoger la piedra que se va a utilizar en la construcción.

En ocasiones, con estas piedras se construían cabañas o refugios.
Cada pueblo tiene sus piedras características que le dan personalidad a su arquitectura tradicional y la condicionan. En Moyuela la piedra utilizada es más angulosa, prismática y de color mas claro que la piedra del término de Plenas. La de Loscos es más oscura y también tiene forma prismática. Las de estas localidades asientan mejor. En algunas partidas del término de Plenas se ha usado piedra de otro tipo, como sucede en Royos donde hay piedra arenisca de color avinado y se han construido parideras con ella.

Esta es una paridera del término de Loscos, rozando con el término de Plenas, en la partida del Mercadal. Podemos observar que el tipo de piedra utilizado es diferente del utilizado en las construcciones de Plenas.
La piedra que podemos encontrar en el término, de un tamaño adecuado para la construcción es de los siguientes tipos:

a) Piedra de la Sardeta caliza estratificada (se ven las capas que la conforman), plana, ancha y poco pesada, también poco resistente pues se parte con facilidad. Aparece en todo el término, sobre todo en la Sardeta y en el Plano. Sin lugar a dudas la más utilizada para las construcciones pleneras.
B) Conglomerados: piedra pesada, demasiado redondeada y amorfa, que asienta mal. Hay varios tipos: unas compactas y otras que se deshacen un poco más.
C) Piedra grija, o bolos. Piedra caliza redondeada y muy dura y difícil de trabajar. Asienta mal. Suelen ser bolos de gran tamaño que se encuentran fundamentalmente en la zona de pedregales y canteras. La única labor que admite es un desbastado tosco para alisar alguna cara. Se ha usado en alguna casa pero principalmente en la fábrica de la iglesia parroquial.
d) Piedras grises compactas, de forma más angulosa que los conglomerados y las “sardetas”. No son del tamaño de ellas pero aparece formando parte del aparejo de muchos muros.
e) De la misma composición que la anterior, pero de color vino.
f) Piedra caliza con turritellas, con foraminíferos. Es blanda. Se extrae de la cantera de la Cañartosa, en Moyuela. Hay afloramientos cercanos y se pueden encontrar en algunas otras partes del término. Se utilizaba para realizar elementos decorativos, esculturas y sillares labrados. En Moyuela se ha usado en la Iglesia parroquial, en San Clemente (portada) y en la ermita de Santa María. La usada en Moyuela es igual a la de Plenas. En nuestro pueblo se ha usado para la iglesia parroquial, en la balsa del molino y en la base del castillo principalmente.
g) Piedra arenisca, de tamaño menor que los conglomerados y las sardetas. Aflora en la partida de Royos.
h) Piedra de río: utilizada como pavimento, formando dibujos geométricos variados. Se utilizaba en el suelo de las eras, en algunas calles y en el interior de las casas, en los patios fundamentalmente. Se llamaba suelo empedriao. Estas piedras, al ser de un tamaño pequeño, se utilizaban también para rellenar agujeros o deterioros que sufrían las paredes de tapial
i) Otros tipos de piedra. En la construcción de los muros se puede utilizar cualquier piedra de un tamaño adecuado, la más fácil de encontrar en las cercanías, sin tener en cuenta si era la más adecuada para ello. Las anteriormente nombradas son las más comunes pero, a veces se utilizan otras.
De los tipos de piedra existente en el término, la más adecuada para construir es la conocida como piedra de la Sardeta, que era poco pesada, mas plana y ancha, por lo que asentaba mucho mejor a la hora de construir un muro.
Cuando uno tenía que construir, iba a recoger las piedras y las llevaba hasta la obra.
Se contrataba algún albañil, que iba con sus peones, o a veces era una cuadrilla de albañiles de algún pueblo vecino. Se ajustaban los precios de la obra y los materiales. Uno de los albañiles profesionales del pueblo era el tío Gaspar Sancho, al que todos llamaban “el tío Paleta” (murió en 1987, a los 76 años). Su padre también era albañil y la especialidad de los Sancho era la construcción con piedra.
Gaspar Sancho fue el último albañil tradicional que construía en piedra mampuesta del terreno con gran destreza, pues no era fácil levantar muros con ella. Trabajó hasta los años 70 del siglo XX.
La piedra se utilizaba  principalmente en los cimientos  y planta baja, para darle fuerza al edificio y evitar las humedades en muros superiores de materiales terrosos.
Las obras no tenían planos. Se ojeaba el terreno que había para construir y allí mismo se iba dibujando sobre él toscamente la forma de la planta baja, guiados por la experiencia secular del albañil o maestro de obras. Se decidía donde irían los muros, la puerta de entrada y las habitaciones. Dependiendo de los tamaños de la parcela, se decidían los muros o pilares necesarios, supeditados por la longitud de los maderos o vigas que debían formar  los pisos: si era grande la distancia, se podía poner un muro o un pilar que sustentara un puente donde apoyar los maderos del forjado. Era una arquitectura de muros portantes, pilares y vigas.
Una vez decididos los muros, se hacían unas zanjas hasta que se encontraba trabadero o roca, y ya no se profundizaba más. Si no había roca se profundizaba unos 50 centímetros o un poco más,  y se daba una anchura  de unos 50 centímetros,  para hacer los aliceces o cimientos.
En esa zanja se rellenaba de piedra gruesas, cal y barro, y sobre estos cimientos ya se empezaban a levantar los muros de la casa.
Del montón de piedras que se habían llevado a la obra para construir, el albañil iba cogiendo las que mejor se iban adaptando al hueco o a la forma de las piedras ya puestas.
Para levantar el muro se clavaban dos estacas a cada lado del muro, a la distancia del grosor que se quería dar y se tendía una cuerda nivelada entre las estacas. Era importante ejecutar la obra con una geometría perfecta pues no se podía hacer de cualquier manera. Así como los caballones de los huertos y los surcos del arado debían ser rectos, paralelos, del mismo tamaño, ordenados, así debían ser los muros de piedra, con un orden geométrico tradicionalmente asumido. Esa cuerda servía de guía para poner las hiladas de piedras Una vez acabada la hilada, se quitaba la cuerda y se subía.
Se colocan en la base las piedras más grandes y de más difícil manejo, formando las dos caras del muro, procurando buscar las que mejor asienten y evitando que se bailen, calzándolas si es necesario con piedras pequeñas y una vez comprobado que ajusta y  asienta bien,  a veces se ponía barro arcilloso, que pegara bien, para mejorar el asiento..
Las paredes se van levantando por dos hileras, una a cada lado, procurándose que el asiento sea correcto y la cara exterior lo más plana posible. Si alguna piedra sobresalía, el tío Paleta iba con una picoleta que llevaba siempre y golpeaba la piedra hasta dejarla de la forma adecuada. Había que tener cuidado en trabar bien estos dos paños del muro, mediante piedras grande que atravesaba de lado a lado, y así  las sujetaban evitando el desmoronamiento. Estas piedras trabadoras se iban poniendo con regularidad a lo largo de todo el muro. Entre las dos hileras se echaba tierra y piedras de relleno.
Las zonas más peligrosas eran las esquinas y los huecos de puertas y ventanas. En estos casos se intentaba evitar el desmoronamiento por esos lugares de varias formas: poniendo piedras de mayor tamaño, que agarraren bien los dos lados de la esquina, y rellenando y reforzando con yeso las piedras.


Si se trata de un muro de cerramiento de corral o paridera, una vez alacanzada la altura deseada, se enrasaba bien y se ponían piedras planas grandes para protección de los muros. Se podía enrasar con piedras y tierra  y a veces con yeso, que así servía para sujetar la bardera.

Si es el muro de una vivienda, se enrasaba bien, con tierra y piedras, o para mayor seguridad con yeso, y se hacían las marcas para colocar los troncos o vigas  del primer piso.

Cuando a veces había peligro de derrumbe o por si acaso, y para reforzarlas si eran muy altas, ponían troncos horizontales, que llamaban “tederos”, y seguían construyendo en piedra encima de los troncos.
En el muro de esta imagen se pueden apreciar los troncos colocados horizontalmente para reforzarlo y evitar desmoronamientos.
Con el paso de los años, el muro a veces fallaba por las humedades y el peso, y había que colocar  un contrafuerte que lo sujetara, que llaman machón y que era de piedra unida con mortero de cal o yeso para que sujetara mejor el desmoronamiento. La piedra utilizada en Plenas, al asentar regular, es más fácil su desmoronamiento que las piedras de otras localidades. Cuando un muro se empieza a abombar porque  va a desmoronarse, se dice que se está “esboldregando”.

En la imagen vemos un muro de una paridera que se ha esboldregado y se ha caido una de las dos caras que componen el muro. Así comienza un proceso de arruinamiento del edificio si no se toman medidas rápidas para frenar el deterioro.
Al llegar a los huecos de puertas y ventanas, se deja el hueco, poniéndose los  maderos o  puentes encima  y se encargan al carpintero Una vez que las tenga hechas, se colocarán en el hueco y se sujetará con yeso.
Los muros de piedra de las viviendas, una vez terminada toda la construcción, se enlucía con yeso por el exterior y por el interior, y se hacían resaltes y detalles decorativos con el yeso.